Críticas de

El mayor hechizo, amor

de Calderón de la Barca

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LA COMEDIA, EL DRAMA Y LA TRAGEDIA 

SE DAN LA MANO

Diego Martínez. La voz de Almería. 19 de marzo de 2001

Excepcional montaje en Almería del Teatro Corsario con la obra "El mayor hechizo, amor" de Calderón de la Barca. El montaje de Fernando Urdiales es de autentico lujo, para una obra donde la comedia, el drama y la tragedia se dan la mano a lo largo de toda la acción, hasta el final, donde la protagonista, Circe, recibe su castigo después de haber tentado a Ulises, al cual pone siempre en dudas respecto a su amor. La primera escena resulta tremendamente impresionante, con el naufragio que sufre Ulises y su tripulación, cayendo en las playas de la isla donde Circe, personaje calderoniano, es la que reina. Esta mujer, fenomenalmente interpretada por Rosa Manzano, representa la pasión, el sexo y el amor desmedido en todas sus dimensiones. Circe convierte a la tripulación en animales, mientras Ulises consigue convencer a Circe de que devuelva a su estado original a su tripulación, que lucha por romper el idilio entre los dos protagonistas, ya que consideran que el amor que profesa Circe hacia Ulises es un amor interesado y falso. Sus compañeros de viaje quieren volver a la mar. La acción principal transcurre con una serie de situaciones de amores fingidos y amores forzados. Como siempre se ha de esperar, Ulises a la fuerza es arrastrado por el resto de su tripulación al mar, mientras Circe sufre la condena de un amor incomprendido. Hay que destacar en este montaje de Teatro Corsario unas interpretaciones que se apoyan en el verso con soltura -son actores de gran calidad y sobre todo con una gran trayectoria sobre los escenarios-;  aparte de que toda la obra es un juego de imaginación y, a modo de cuento, van surgiendo una serie de personajes que parecen legendarios. Hay momentos increíbles, como es la presencia del gigantesco monstruo de la montaña, Brutamonte, o el efecto mágico de la aparición de la bruja y el enano en una canasta sobre la montaña que siempre preside el escenario. Rosa Manzano que encarna a Circe y Jesús Peña como Ulises están de quitarse el sombrero en esta obra, donde Urdiales ha elegido dos actores de gran categoría. El resto del reparto, tanto las ninfas como el resto, incluido algunos números donde se impone el musical, es impresionante y, sobre todo, del gusto del público. El sábado por la noche, el Auditorio vivió momentos muy intensos con una adaptación ejemplar, y donde, de nuevo, volvió a triunfar el Teatro del Siglo de Oro con más fuerza que nunca. 

 

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A CALDERADAS 

Francisco Díaz-Faes. La Nueva España. 30 de agosto de 2000.

Seguimos muriendo ( y matando) de amor, cuatrocientos años después de nacer Calderón, el inmenso. "Corsario" lo ha transmitido en el inicio espectral del naufragio, en sus divertidos o trágicos versos y en un final majestuoso. Calderón a los 35 años, cuando muere Lope, con "el mayor encanto, amor" desplegará toda su panoplia de recursos escénicos. Drama, tragedia, comedia, burla. Y devoción, alegorías, metafísica, poesía, mitos en sabia medida (siempre con especial encanto para entretener) según el original homérico del viaje de Ulises. Gracias a este héroe (no) aceptamos (la esposa, con un morro hasta el ambulatorio) que el hombre se vaya de aventuras, aunque sean literarias, ganando o perdiendo la soldada, el sustento o el pecunio (que es una porción de ganado porcino). Y que llegue tarde a casa, contando batallitas. Un poco menos: que tenga una mujer en cada puerto, lo que facilita a la mujer a tener un hombre de cada barco (según dibujó agudamente Máximo en "El País" la pasada semana). Como vemos en algunas costumbres rurales del occidente asturiano, con la costumbre vaqueira de cambiar de hombre, siempre trashumante, durante temporadas. "Teatro Corsario" es uno de los grandes grupos escenificadores del teatro clásico. Y lo demostraron largamente con una obra que se las trae. Bordada en todo su esplendor por Rosa Manzano, en voz, intensidad, movimiento. Como maga Circe, amante poderosa, desdeñada y vengativa, al final arrojada en la lava de la desesperación en un final que pasará a la historia del acierto plástico. Pues la escenografía, salvo en pequeños detalles, caracterización, iluminación, vestuario e incorporación de gigantes y muñecos ha sido deslumbrante, inmensa, así como la banda musical. Recuerden si no la aparición de Brutamonte, o la de las bestias. Un cuadro de actores esforzado por llegar a todos sus personajes, especialmente magistrales en la actriz que fue árbol, Blanca Herrera y su amante, o el capitán de la isla, el soldado convertido en mono y su amigo. Una versión grande, divertida, magna, que merece ser leída en su original. Y desde luego la ovación que Avilés desplegó.

 

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CANTO DE AMOR

Carlos Gil. Gara. Feria de Teatro de San Sebastián. 16 de julio de 2000

Entre dioses desatados, hechiceras, soldados y ninfas, Calderón nos sitúa en una imaginativa adaptación de "La Odisea", ante la fascinación de lo fantástico y ante el debate entre el amor y la guerra. O, planteado de otro modo, la lucha de Ulises entre la predestinación del héroe y la fragilidad del hombre, lo mismo que Circe, la hechicera de la isla, la regente que defiende a sus mujeres de los hombres y del amor para preservarlas, pero que sucumbe igual a los dardos de la pasión amorosa.

Incalificable en su estructura genérica, todo el espectáculo transcurre dentro de un aire de cuento. Todo son connotaciones que se van adjuntando a la trama principal, a ese quiebro en el destino de dos prototipos, Circe y Ulises, que ven cómo toda su estructura mitológica se va humanizando, y al despojarse de la máscara, al ser un hombre y una mujer, el amor, como un hechizo insuperable, los lleva al goce y posteriormente a la tragedia. Hay mensaje moral, pero confuso, es un canto al amor, pero también al cumplimiento de los designios superiores, y en esa vuelta a sus roles marcados es cuando la tragedia se produce.

Este montaje de Teatro Corsario se hace con un espacio escénico muy práctico, con unas interpretaciones que se apoyan en el verso con soltura, que van presentando los personajes y su simbología casi con carácter pedagógico y que, en conjunto, proporcionan un amable espectáculo en donde la imaginación se coloca como recurso dramático en las apariciones y sorpresas escénicas, la iluminación busca el dramatismo y la música, como en todos los trabajos de Corsario, es una guía emocional. Transmite el verso calderoniano con nitidez, cuenta perfectamente la historia, conjuga todas las posibilidades dramatúrgicas para meter al espectador en el cuento moral o en el canto de amor o en la reflexión sobre la predestinación. Y uno se deja llevar.

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EL MAYOR MAGO, CALDERÓN

Andrés Molinari. Ideal. Granada. 20 de octubre de 2000

De las múltiples facetas de Calderón las más populares son la teológica y la que atañe al honor. Sin embargo, su interés por la magia también empapa muchas de sus obras, en un largo rol que va desde La dama duende hasta El mágico prodigioso. Y la mayor maga de la antigüedad, la homérica Circe, no podía ser ignorada por el clérigo madrileño. Haciendo un juego de palabras con su apellido, desembarca y embarca en la isla de Ea para calafatear una de sus comedias más llenas de magia y espectacularidad, El mayor hechizo, amor. La compañía Corsario de Valladolid, con osadía pero sin imprudencia, se ha atrevido con esta obra, a la que siempre se ha temido, casi tanto como a su protagonista, por lo intrincado del argumento y lo complejo de sus escenarios. El resultado es un perfecto encuentro entre magia y teatro, una isla de belleza entre tanto Calderón emborronado, un espectáculo en el que se gasta lo justo, sin despilfarro de presupuesto y con sobreabundancia de imaginación. La barita mágica de Corsario está en el claro decir del verso, la destreza actoral para coordinar gesto y palabra, la danza comedida y la creación de cuadros plásticos muy del barroco castellano, como Ulises en brazos de Circe. La ágil dirección permite un enjambre de matices pues el espectador puede ver en esta obra la corte de Felipe IV divirtiéndose en el Retiro, un bosque animado con flecos de El sueño de una noche de verano, un Ulises con dudas de Hamlet, una aparición al amante como el Comendador a Don Juan, una infeliz Dido y tantas claves de nuestra cultura, que nunca dudará en exclamar: El mayor mago, Calderón.

 

 

El mayor hechizo, amor